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domingo, 27 de mayo de 2012

¿Qué tanto sabía Joseph Ratzinger del abuso de 200 niños sordos?



Por Scott Bronstein
(CNN).- Terry Kohut mantuvo un oscuro secreto por casi 50 años. Ahora rompe su silencio, convirtiéndose en una figura clave en la crisis de abusos sexuales en la iglesia católica y en la creciente controversia por lo que el papa Benedicto XVI hizo al respecto.
Cuando Kohut era un adolescente, y durante los años posteriores, dice, fue víctima de abuso sexual y ataques por parte del sacerdote y director de la escuela en donde vivía, la Escuela para Sordos St. Johns, en Milwaukee, Wisconsin. Lo que ocurrió ahí, es uno de los casos más sonados de abuso sexual en la Iglesia Católica.
De 1950 a 1974, el director de St. Johns, el padre Lawrence C. Murphy, violó y abusó de hasta 200 niños sordos, según documentos de la Iglesia y de tribunales.
Kohut ha presentado la primera demanda por abuso sexual en contra del Vaticano, en la que se nombra a Benedicto XVI, anteriormente conocido como cardenal Joseph Ratzinger, como acusado.
Ratzinger fue alguna vez la cabeza de la poderosa CDF del Vaticano (Congregación para la Doctrina de la Fe), encargada en determinadas circunstancias de la investigación de abuso sexual a menores por sacerdotes.
Y a pesar de que los registros de la Iglesia muestran que los abusos del padre Murphy llamaron la atención de Ratzinger y de la CDF hace años, un juicio de la Iglesia en contra del director fue suspendido y se le permitió seguir siendo sacerdote.
La ‘política de secrecía’, del Vaticano en casos de abuso y sus ‘directivas para ocultar el abuso sexual de niños’ por parte de sacerdotes, dice la demanda, contribuyó a que continuaran los abusos de Kohut y de otros por el Padre Murphy.
En entrevista con CNN, Kohut, de 60 años, habló con sus manos y a través de un intérprete, describiendo cómo comenzaron los abusos del Padre Murphy.
“Bájate los pantalones”
“Fui a su oficina, la puerta estaba cerrada”, dijo. “Y el Padre Murphy dijo ‘bájate los pantalones’. Y yo lo hice… Él siempre estaba en su traje negro con un collar blanco. Era un sacerdote, y yo tuve que obedecerlo”.
Lo que le pasó a Kohut y a otros niños sordos, y el manejo del caso Murphy por la oficina de Ratzinger, son cuestiones centrales en una amplia investigación del papel de la Iglesia en el encubrimiento de abuso sexual cometido por sacerdotes. ¿Ese enfoque alcanza tan arriba como al hombre que se convertiría en Papa?
“Creo que lo que el caso Murphy muestra es el respeto que el cardenal Ratzinger y ahora Papa Benedicto le da a los sacerdotes”, dijo David Gibson, un biógrafo del papa y autor de La Regla de Benedicto.
Ratzinger y otras autoridades del Vaticano “accederán primero al deseo de los sacerdotes, más que a la justicia para las víctimas (…) para mantener las cosas tranquilas y cuidar la iglesia institucional”.
Sin salida
Steven Geier y Carl Nelson, que también eran estudiantes sordos, dicen que el padre Murphy los atacó sexualmente. Merodeaba el dormitorio por la noche, visitaba a los chicos en sus camas. De manera rutinaria asaltaba y abusaba de sus victimas en uno de los lugares más sagrados de la iglesia, el confesionario, muestran documentos de la Iglesia.
Jeff Anderson, abogado de Minnesota, lidera la demanda de Kohut. Ha presentado cientos de demandas de víctimas de abuso sexual por sacerdotes, y ha obtenido una enorme y valiosa cantidad de documentos internos del Vaticano para construir el caso contra el Papa.
Dice que numerosos casos de abuso muestran que autoridades del Vaticano, incluyendo al entonces cardenal Ratzinger, hicieron poco para ayudar a las víctimas, y estaban más interesados en proteger a la Iglesia del escándalo.
Murphy fue “uno de los peores pedófilos”, en la historia de los EU, dice Peter Isely, líder de SNAP (Red de Sobrevivientes de Abuso por Sacerdotes) Asegura que él mismo fue violado repetidamente por un sacerdote cuando era niño.
“Esta es la historia de un hombre que viola y ataca a 200 niños sordos (…) Es monstruoso”, dice.
“No era fácil vivir en el dormitorio”, dijo Geier, de 60 años, a través de un intérprete. “No había padres ahí. Estábamos atrapados. Era como una prisión. No te puedes salir.
Grupos de muchachos intentaron contarlo a las autoridades locales y estatales, de acuerdo a Kohut, Geier, Nelson y otros que entrevistó CNN, pero nadie les creyó. La policía local inclusive los llevó de vuelta a la escuela, regresando a los chicos con el padre Murphy.
Después de años de denuncias e informes de abusos, así como amenazas de demandas, los obispos locales finalmente trasladaron a Murphy al lejano norte de Wisconsin en 1974. Ahí, más tarde, surgieron nuevas acusaciones de abusos.
“Quiero terminar mi sacerdocio en paz”
El 17 de julio de 1996, el arzobispo de Milwaukee, Rembert Weakland, escribió al entonces cardenal Ratzinger en la CDF, describiendo los abusos de Murphy y su “uso de los confesionarios para solicitar acciones pecaminosas”.
Después de ocho meses y dos cartas más al Vaticano, Weakland tuvo noticias del secretario del cardenal Ratzinger, diciéndole que procediera a un juicio eclesiástico secreto, que podría resultar en la expulsión del padre Murphy o retirado del sacerdocio.
Los preparativos para el juicio habían empezado, y el caso estaba avanzando. Un documento de la Iglesia describiendo los resultados de las investigaciones locales dijo que la situación de Murphy “puede muy bien ser la más horrenda, calculada, especialmente porque son personas discapacitadas y vulnerables”.
Pero mientras el juicio secreto avanzaba, el 12 de enero de 1998, el Padre Murphy escribió una carta personal al cardenal Ratzinger.
“Las acusaciones en mi contra son por acciones que supuestamente sucedieron hace más de 25 años”, escribió Murphy. “Tengo 72 años de edad, su Eminencia, y estoy mal de salud. Me he arrepentido de todas mis transgresiones pasadas”, escribió.
El sacerdote básicamente solicitó ser dejado en paz. “Yo simplemente quiero vivir lo que me queda de vida con la dignidad de mi sacerdocio. Solicito su atenta ayuda en este asunto”.
Después de la carta a Ratzinger, y a pesar de los ruegos de los obispos locales y de los detallados documentos en contra de Murphy, algo pareció haber cambiado. El secretario de Ratzinger escribió de nuevo al arzobispo Weakland, pero en esta ocasión la carta y el enfoque de Roma era diferente, pareciendo ser comprensivos con el padre Murphy.
El secretario solicitó al Arzobispo “que preste especial atención”, a “las medidas pastorales”, en vez de un juicio, como orientación y supervisión “destinadas a obtener la reparación del escándalo y la restauración de la justicia”.
Los religiosos locales no estuvieron de acuerdo, y uno escribió de nuevo a Roma. “El escándalo no puede ser reparado, ni la justicia puede ser suficientemente restaurada, sin un proceso judicial en contra del padre Murphy”, rezaba la misiva.
En mayo de 1998, el arzobispo Weakland y otras autoridades de Milwaukee volaron a Roma para reunirse con el equipo del cardenal Ratzinger. Apuntes de la Arquidiócesis de Wisconsin señalan que “se volvió claro”, que la oficina del cardenal Ratzinger ”no nos estaba animando para proceder con cualquier forma de destitución”.
Finalmente, en agosto de 1998, Weakland escribió que iba a seguir la sugerencia de la CDF y parar el juicio, y en su lugar “elaborar un plan pastoral”, para él.
Con ello, Murphy continuó siendo sacerdote el resto de su vida. Murió en 1998 y fue enterrado en Milwaukee con toda la dignidad y honores de un sacerdote católico apostólico y romano en buena posición, lo que enfureció a muchos que sabían lo que había hecho.
Un caso trágico
El Vaticano ha declarado el caso Murphy como “trágico”, emitiendo una declaración a principio de año diciendo que “involucraba a víctimas particularmente vulnerables que sufrieron terriblemente por lo que hizo. Al abusar sexualmente de niños con problemas de audición, el padre Murphy violó la ley y, más importante, la sagrada confianza que sus víctimas depositaron en él”.
El Vaticano señaló que pasaron más de dos décadas antes de que los abusos del padre Murphy llamaran la atención de las autoridades de la iglesia local, la policía y la Santa Sede.
Sus acciones, expuso El Vaticano, fueron tomadas “a la luz de los hechos de que el padre Murphy era anciano y con una mala salud. Vivía en soledad y no se habían presentado alegatos de abuso en más de 20 años”.
En una inusual entrevista, monseñor Charles Scicluna, el fiscal del Vaticano, dijo a CNN que entiende el enojo y la frustración en el caso Murphy.
“Si el caso se hubiera decidido hoy en día, con el conocimiento que tenemos, el fallo pudo haber sido diferente (…) Estamos hablando de un juicio humano aquí”.
Cuestionado de si la sentencia del cardenal Ratzinger fue fallida, Monseñor Scicluna respondió, “no diría defectuosa, porque fue un fallo que se hizo cargo de la reparación, del escándalo, en el sentido de que se esperaba una admisión publica de culpabilidad y también se aseguró que el padre Murphy  estuviera en un monasterio en donde no constituía ningún riesgo”.
Scicluna dijo que no hubo equivocación: “Yo la llamaría un opinión diferente para un caso muy difícil”.
Pero Terry Kohut y otras víctimas dicen que la justicia para ellos ni siquiera podría empezar sin que el Padre Murphy perdiera su titulo y buena reputación como sacerdote.
Kohout, cuya demanda alega que, a través de una política de secrecía ”la Santa Sede a sabiendas permitió, permite y alienta al abuso sexual infantil por sus sacerdotes, incluyendo a Murphy”, tiene una pregunta para el papa:
“Le preguntaría: ¿Por qué? ¿Por qué paró el juicio? ¿Porqué le tuvo lástima al padre Murphy? Quiero decir, ¿qué hay de mi, que hay de los otros 200 chicos?”.
Steven Geier está de acuerdo, y tiene su propio mensaje para el Papa: “Yo creo que éste Papa sabía todo. Sabía lo que estaba pasando. Siento que todo lo que hizo fue ignorar a todos los niños sordos de los que abusó el padre Murphy. No hay manera de que lo podamos perdonar nunca. Dile al Papa que pare toda esta m…”.
Kohut ha escrito numerosas cartas a autoridades del Vaticano sobre el abuso. Algunas de ellas fueron enviadas a las más altas autoridades, incluyendo al cardenal Ratzinger.
En una carta al padre Murphy de 1995, Kohut escribió:
“Me despierto todas las noches temblando de miedo de que ésta puede ser la noche en que me pueda estar tocando. ¿Puede imaginarse eso? ¿Puede? Jesús en la cruz en la pared lo vio entrar cada noche para abusar de nosotros. Él debió haber estado conmocionado y dolido en cada ocasión. Espero que haya llorado como nosotros lo hicimos, porque éramos niños inocentes”.
Kohut dice que el padre Murphy nunca respondió.
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Una víctima de abuso sexual se entera del papel de encubrimiento del Papa

*Segunda parte del especial Lo que el Papa sabía, que la Unidad de Investigaciones Especiales de CNN preparó esta semana
Por Brian Rokus
MORRISONVILLE, Illinois (CNN)  Matt McCormick estaba en grado séptimo cuando el padre Alvin Campbell lo llevó a casa después de un partido de beisbol. Mientras conducían por las carreteras del campo, Campbell puso su mano en el muslo de McCormick y “sólo la dejó ahí”.
Fue la primera vez que el sacerdote lo tocó. Durante los siguientes tres años, dice McCormick, el abuso iba a ir mucho más allá.
Ya pasaron 25 años de eso. Tres meses atrás McCormick supo que el papa Benedicto XVI tuvo un papel importante en mantener al sacerdote abusador dentro de la iglesia cuando CNN le contó sobre la carta firmada por el pontífice –el entonces cardenal Joseph Ratzinger- se negó a expulsar al sacerdote pedófilo.
Ratzinger está incluido como acusado en una demanda contra el Vaticano por elabuso sexual a 200 niños sordos  por parte de un sacerdote.
Caminando alrededor de un pueblo granjero de 1,000 personas de Illinois en donde creció, McCormick señaló dónde había sido abusado: dentro de la escuela, dentro de la rectoría y dentro de la misma iglesia.
Antes de realizar sus tareas como monaguillo, McCormick y otros niños fueron abusados por Campbell en una sala ubicada tan sólo a unos pasos del altar.
“Él pensó que sería gracioso si nosotros teníamos erecciones bajo las togas”, dijo McCormick.
Sin embargo, como otras víctimas jóvenes de abuso, McCormick no pensó que el cura fuera un monstruo.
“Uno no lo ve como un depredador, lo ve como un amigo”, lamentó McCormick, parado en la misma iglesia en la que fue abusado. “Lo ves como alguien que te da dinero, bicicletas y juegos y viajes… Sus acciones eran tan lentas y tan sutiles que para el momento en que te dabas cuenta qué estaba pasando, estabas atrapado”.
El confesionario: escena del crimen
Campbell también discutía temas sexuales con McCormick en el confesionario.
“Usó el manto de la cristiandad en su papel de sacerdote para relacionarse con los niños de los parroquianos y abusaba de ellos”, dijo Fred Nessler, un abogado que ha representado a cientos de víctimas de abuso sexual en iglesias, incluyendo a 10 que señalaron a Campbell como su abusador. “Ellos preparan a los niños. Primero, los atraen con la idea que van a estar cerca de un padre y sus padres usualmente piensan que es una buena idea”.
Cuando tenía 16 años, McCormick intentó suicidarse con un cuchillo y una sobredosis de pastillas. Su padre tuvo que romper la puerta de su cuarto para salvarle la vida.
“Me sentí como una víctima y me sentí avergonzado”, dijo McCormick. “Así que era negación, negación y negación hasta llegué al punto de que me pude alejar y no tener que negarle a nadie porque las personas no preguntaban”.
Como adolescente también bebió mucho y fumó marihuana, ambos hábitos que dijo que Campbell le había presentado.
“Muchas veces nos metió en ese marco de pensamiento en el que no eres tú mismo, en donde estás un poco por fuera de todo y ahí es cuando los abusos empiezan”, dijo McCormick.
A los 41, McCormick está felizmente casado. Recibió una compensación por parte de la iglesia católica y es sólo uno en un puñado de víctimas de Campbell que habla públicamente sobre el abuso.
Un caso resonante
Cuando CNN lo contactó en junio, McCormick no sabía que el caso contra Campbell había salido del ámbito de la parroquia local.
Al sacerdote lo condenaron en 1985 por varios cargos de abuso sexual y recibió una condena de 14 años. Pero al obispo de Campbell, Daniel Ryan, le inquietaba algo: a pesar de la condena, Campbell seguía siendo un sacerdote y rechazó renunciar.
El obispo llevó el caso ante la Congregación para la Doctrina de la Fe, a cargo del entonces cardenal Joseph Ratzinger y actual papa Benedicto XVI. Ryan le pidió a Ratzinger remover a Campbell del sacerdocio.
En una carta en la que citó el derecho canónico, Ratzinger dijo que no podía expulsar a Campbell sin el permiso del propio Campbell y sugirió llevar a cabo un juicio en la iglesia local, lo cual pudo haber tardado años. A Ryan le costó tres años convencer a Campbell de solicitar su propia expulsión.
McCormick quedó mudo al leer la carta donde el Vaticano permitía a Campbell seguir en el sacerdocio.
Monseñor Charles Scicluna, el fiscal del Vaticano, dice que la Iglesia ha cambiado.
“El derecho canónico tiene un escenario diferente”, expuso Sciclina. “Esto no podría suceder bajo la ley actual”.
Tras cerrar sus propias heridas, McCormick planea iniciar una fundación que ayude a otras víctimas de abuso sexual.
“Los niños son los que van a crecer y ser los fieles en las bancas de las iglesias”, dijo. “Son los que necesitan protección. Necesitan las redes de protección y la supervisión que, por ahora, no existe”.

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